Todo comienza con el recorte de prensa del testamento de un expresidente de Chile entre los papeles de Federico Arriagada, el escritor y residente del edificio Buque que en su nueva novela, Historia de las humillaciones, articula las relaciones entre los personajes de esta otra Historia de las humillaciones. ¿O es que acaso todo comienza cuando la señora Blanca Blest Bascuñán, hija de don Alberto, hija pródiga de vuelta en su país, y su sirvienta Adelina, abuela de Federico Arriagada e hija de doña Melania, asisten al cine y reviven en la pantalla sus distintas humillaciones? Quizás todo comienza con los recortes de la prensa de 1910 sobre un desgraciado accidente en el que un carromato corre desbocado por las céntricas calles con dos niños a bordo y sobre el incendio de la Panadería San Honorato, de propiedad de doña Melania, y de la botica del padre de Víctor Hugo Roquett, otro vecino del Buque. ¿O es que comienza con el joven Eliseo Coñuepán en un tren a Santiago para trabajar en la Panadería San Honorato? ¿O con la anotación en el diario de viaje de misiá Amalita Errázuriz -después la humillada Madame Ramón Subercaseaux a quien el retrato de Sargent le arrebata su nombre-: El vapor se puso en movimiento a las dos de la mañana. Que Dios nos guíe y se cumpla su Santa Voluntad? El extrañamiento.
Mientras todos estos comienzos posibles se suceden, a orillas del cerro Santa Lucía, por el Sendero de las Cabras, una nueva forma de vivir se erige, un edificio en forma de buque, como un volcán brotando desde el fondo de la tierra, con sus promesas de una nueva era. Pese a su intento de imponer el dominio de su frase, las humillaciones quedan y el buque con todos sus pasajeros a bordo encallará y parecerá incrustarse en el cerro que lo enmarca, destino de los humillados que se esfuerzan en las nuevas formas, destinos cruzados por los distintos caracteres que cobran vida propia en esta magistral novela que, además de un deslumbrante ejercicio de imaginación, es una reflexión sobre la literatura y la materia de la creación.
Orgullosos oligarcas, servidores mapuches, personajes de otras ficciones, aguerridas prostitutas e hijos divergentes se cruzan. Todos con sus humillaciones a cuestas. Mientras, Federico y su pareja avanzan hacia la muerte, la descomposición de la carne y la negación de la causa de muerte.
La novela totalizadora de Jorge Marchant Lazcano –en donde es posible encontrar destellos de gran parte de su obra de cincuenta años- es la historia de aciertos y errores de todos nosotros, humillados desde el momento en que nacemos hasta el último suspiro. Desoladora, inmoral y graciosa al máximo, tanto para atenuar el melodrama subyacente como para desactivar cualquier tipo de pomposidad, hay un desfile de criaturas inimitables que entran y salen del mítico Buque.
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