Cuando se nombran las grandes cuencas del mundo, nuestro río Mapocho queda fuera. No es el Nilo, el Danubio ni el Yangtsé. Pero es un cauce complejo, un torrente de vocación cordillerana y en proceso de formación, al que se ha intentado controlar desde la Colonia, no siempre con éxito. Esto mismo le da una singular belleza. Al mirar hacia las montañas donde caen la nieve y la lluvia que lo alimentan, el paisaje no es común. Es la vista que identifica a la ciudad de Santiago, modelada a su vez por el Mapocho a lo largo de miles de años, al rellenar con sus desbordes y escurrimientos el valle sobre el que se erige la ciudad.
Hijo de un también ingeniero hidráulico al que, debido a una progresiva pérdida de visión, desde niño asistía describiéndole la forma de las olas durante las lluvias torrenciales, Alfredo Edwards lleva más de cincuenta años observando e intentado desentrañar al Mapocho. Así, en este fascinante Ciudadano del Mapocho propone una lectura del río que trasciende su condición de cauce físico y fenómeno natural. Es el eje cultural que ha modelado la geografía, la historia y la forma urbana de Santiago.
A partir de recuerdos de infancia, historia oral, referencias literarias y décadas de experiencia, Alfredo Edwards recorre el Mapocho desde sus orígenes geológicos en la Cordillera de los Andes para relatarnos los episodios que han definido la relación entre el río y nosotros, sus habitantes: sus temibles y legendarias crecidas, su rol como estructura urbana, su influencia en el desarrollo económico, cultural y social. Y hasta se atreve con una hipótesis sobre nuestros recientes quiebres: «[D]ebo reconocer que la naturaleza de ese sector del valle de Santiago [Plaza Italia] encierra conflictos fluviales que quizás explican cierta tendencia al desorden que allí existe».
Con este Ciudadano del Mapocho Edwards enaltece nuestro Mapocho, renueva su mitología y lo hace parte de las mitologías de los grandes ríos-relato. Si se extendiera el lenguaje del libro para establecer el origen del río, seguramente Edwards estaría dispuesto a sacrificar la rigurosidad ingenieril y la evidencia técnica y hacerse parte de la sentencia del Tribunal de los Bufones de Stockach sobre cuál de los dos riachuelos que forman el Danubio es su origen: «El litigio es demasiado bello como para que un veredicto lo acabe para siempre», nos diría.
Y este es el tono que cala en el lector: más próximo al vapor de lo etéreo que a la presencia física determinante del Mapocho y las fórmulas técnicas para dominarlo.
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